¿Qué tan cerca estamos de estar lejos?

Ni muy lejos, ni muy cerca…

La obra habita ese punto intermedio donde la distancia deja de ser solo geográfica y se vuelve emocional. Un pequeño biplano Antonov An-2, réplica del que un piloto cubano usó para huir de la isla, se suspende en el aire como un gesto mínimo frente a una historia mayor.

El cielo, constante en el imaginario migratorio cubano, aparece aquí como un territorio ambiguo: refugio y frontera. A través de la escala, la levedad y el silencio del vuelo detenido, la instalación indaga en la condición de quienes viven entre la partida y el regreso, preguntándose cuánto de nosotros se queda cuando intentamos irnos.