Tan lejos de Dios
Crecí escuchando la historia de un niño cubano encontrado a la deriva y protegido por delfines. No viví aquel acontecimiento; me llegó después, cuando ya formaba parte de una memoria compartida. De todas las imágenes de aquella historia, siempre me intrigó la de los delfines. La recuerdo precisamente por lo extraño que resultaba encontrarlos allí, en medio del mar, acompañando a un niño que intentaba llegar a otra orilla.
Tan lejos de Dios vuelve sobre esa imagen. Un pequeño bote flota rodeado de delfines en una extensión de agua contenida. Poco a poco comienza a llenarse hasta hundirse por completo.
Años después, la historia es otra y la escena sigue siendo reconocible. Cambian quienes parten, cambian las razones, cambian los destinos. El mar permanece.