Tan lejos de Dios

La historia de un niño cubano encontrado a la deriva y protegido por delfines acompañó la infancia de toda una generación. Con el tiempo, aquella imagen dejó de pertenecer únicamente al acontecimiento que la originó para convertirse en una escena compartida.

En Tan lejos de Dios, un pequeño bote permanece inmóvil sobre un mar contenido. La travesía ha quedado suspendida antes de alcanzar la otra orilla. El agua conserva todavía la promesa de la partida y la posibilidad del naufragio. Entre ambas permanece una imagen que, repetida durante años, terminó habitando la memoria colectiva.