Todo lo sólido se desvanece en el aire

Una burbuja puede ser también un lugar donde quedarse. Dentro de la instalación, una máquina lanza continuamente burbujas de jabón mientras suena una selección de canciones cubanas sobre la migración. Desde Celia Cruz y La Lupe hasta Orishas, Raúl Paz o El Taiger, la playlist recorre más de medio siglo de música cubana y reúne distintas generaciones alrededor de una misma experiencia: irse, extrañar, regresar o imaginar la vida en otra parte.

Escuchadas una detrás de otra, las canciones acortan la distancia entre épocas que parecían distintas. Cada generación encuentra sus propias palabras para una experiencia que continúa repitiéndose. Pasado y presente terminan sonando dentro del mismo espacio. La promesa de un futuro compartido convive así con una experiencia migratoria que persiste de generación en generación.

Mientras tanto, las burbujas aparecen y desaparecen. Dentro de la instalación se juega, se escucha música, se disfruta; pero aquello que suena habla de irse, de extrañar, de dejar un país atrás. El placer no elimina el peso de esa historia: convive con él. Placer, nostalgia, memoria. La burbuja como refugio frente al desencanto, pero también como imagen de aquello que alguna vez pareció sólido: promesas, certezas, futuros posibles que terminan desvaneciéndose en el aire.